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Title: Cómo desarrollar las inteligencias múltiples en el aula para mejorar el aprendizaje en las niñas del séptimo año de Educación Básica de la Escuela Albino del Curto de la parroquia General Plaza, cantón Limón Indanza, durante el año lectivo 2007-2008
Authors: Pucha Tambo, Carmita Cecilia
Advisor: Chuva Buele, Alcides Franco
Keywords: INTELIGENCIAS MÚLTIPLES
APRENDIZAJE
TÉCNICAS DE ENSEÑANZA
EDUCACIÓN GENERAL BÁSICA - ECUADOR
Issue Date: 2007
Description: La palabra "inteligencia" tiene su origen en la unión de dos vocablos latinos: Inter=entre, y eligere=escoger. En su sentido más amplio, significa la capacidad cerebral por la cual conseguimos penetrar en la comprensión de las cosas eligiendo el mejor camino. La formación de ideas, el juicio y el razonamiento son frecuentemente señalados como actos esenciales de la inteligencia, como "facultad de comprender". Analizando de modo sucinto las raíces biológicas de la inteligencia, se descubre que es producto de una operación cerebral y permite al sujeto resolver problemas e, incluso, crear productos que tengan valor específico dentro de una cultura. De ese modo, la inteligencia sirve para librarnos de algunos "aprietos" sugiriendo opciones que en último término, nos llevan a elegir la mejor solución para cualquier problema. Es la inteligencia quien selecciona cuál deberá ser la acción más adecuada. La inteligencia es, por tanto, un flujo cerebral que nos lleva a elegir la mejor opción para solucionar una dificultad, y se completa como una facultad para comprender, entre varias opciones, cuál es la mejor. También nos ayuda a resolver problemas o incluso a crear productos válidos para la cultura que nos rodea. Nuestra inteligencia, así llamada, no es una son varias, todas nuestras inteligencias no son nada más que segmentos componentes de una ecología cognitiva que nos engloba. Por lo tanto, el individuo no sería inteligente sin su lengua, su herencia cultural, su ideología, su creencia, su escritura, sus métodos intelectuales y otros medios del ambiente. Durante mucho tiempo, se afirmó que todo proceso de enseñanza se basaba en la figura del profesor. Esa visión hizo que la enseñanza lograse autonomía sobre el aprendizaje y algunos "métodos” didácticos pasaron a utilizarse de manera indistinta, como si su eficacia garantizase el aprendizaje de todos. En la actualidad, esa concepción está totalmente superada. En resumen, la función del nuevo profesor es conocer cómo se imparte el aprendizaje, para estimular, a partir de los contenidos aportados por el ambiente y por el entorno social, las diferentes inteligencias de sus estudiantes y hacerles aptos para resolver problemas o, quién sabe, crear "productos" válidos para su época y su cultura. Esa nueva definición de la función del educador expresa una certeza y suscita una angustia. La certeza es que su función social, mucho más que antes, es primordial para la humanidad y que su misión se identifica con la garantía de la creación de un ser humano mejor y, por lo tanto, de un mundo más digno. La angustia es indagar si al no tener debidamente estimuladas todas sus inteligencias, el profesor será capaz de transformarse en un estimulador de múltiples inteligencias. Esa angustia no parece ser estructuralmente distinta de la vivida por Sócrates hace veinticuatro siglos, cuando recordaba que "la piedra de afilar no cortaba", sugiriendo quizá que la limitación del ejercicio de determinadas habilidades no impide que el docente pueda transformarse en un estimulador de esas mismas habilidades. Recientes investigaciones en Neurobiología sugieren la presencia de zonas en el cerebro humano que corresponden, al menos de modo aproximado, a determinados espacios de cognición; más o menos, como si un punto del cerebro representara a un sector que albergase una forma específica de competencia y de procesamiento de informaciones. Aunque sea una tarea difícil decir claramente cuáles son esas zonas, existe el consenso sobre que cada una de ellas puede expresar una forma diferente de inteligencia, esto es, de responsabilizarse de la solución específica de problemas o de la creación de "productos" válidos para una cultura. Esas zonas, según Howard Gardner (que publicó por vez primera sus investigaciones en 1983), serían ocho y, por tanto, el ser humano poseería ocho puntos diferentes de su cerebro donde se albergarían diferentes inteligencias. Aunque ese científico afirme que el número ocho es relativamente subjetivo, son ésas las inteligencias que caracterizan lo que él denomina inteligencias múltiples. Serían la inteligencia lingüística o verbal, lógico-matemática, espacial, musical, cinestésica - corporal, naturalista, intrapersonal y la interpersonal. La potenciación de las inteligencias múltiples permite alcanzar niveles de aprendizajes significativos y funcionales en el aula. Las niñas y niños de la Escuela Albino del Curto se caracterizan por ser muy hábiles y tener muchas destrezas, sus capacidades se van desarrollando a través de las actividades realizadas durante las horas de clase. Es una linda experiencia trabajar con este grupo porque la edad evolutiva de las alumnas les permite acoger las propuestas de manera inmediata, tienen mucho entusiasmo por el trabajo y por su propia superación.; además es un campo muy amplio para seguir profundizando el desarrollo de las inteligencias. La investigación lo realicé a través de la consulta de diversos textos los mismos que serán leídos y profundizados minuciosamente para poder aplicar en el aula. También recogí varios datos informativos a través de la observación de las diferentes experiencias y realidades que los alumnos y alumnas me pudieron proporcionar en el aula. Y sirvió para aplicar las Inteligencias Múltiples que amplió sus conocimientos y mejoró las destrezas que cada uno y una posee. Resulta bastante estimulante la identificación de diversas inteligencias y las notables diferencias entre el hombre y la mujer respecto al uso de uno u otro hemisferio cerebral. Aunque exista un largo camino que recorrer en esos estudios, ya es admirable saber que somos más diferentes de lo que se imaginaba. La gran investigación que marca el final del siglo es la que el ser humano hace sobre sí mismo y sobre el increíble potencial de diferencia existente entre las personas. El descubrimiento de sí mismo y la lenta percepción de la complejidad del otro constituyen un interesante desafío para todos y todas. Existen muchas maneras, en casa y en la escuela, de estimular esa capacidad. El primer reto que hay que superar consiste en abandonar la idea de que la "belleza" de una reproducción plástica está limitada a la capacidad de copia del objeto que se quiere representar. El niño o la niña “ve” la naturaleza de forma distinta que el adulto, valorar su representación es aceptar otros modos de identificar esa visión.
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